sábado 5  de  abril 2025
OPINIÓN

La República de Tocorón (II)

Un análisis minucioso y normativo que plantea reflexiones y tiene en cuenta los dictámenes de la historia

Diario las Américas | ASDRÚBAL AGUIAR
Por ASDRÚBAL AGUIAR

Como dato objetivo, a la manera del dios Jano, el de los inicios y los finales, el siglo XXI nos muestra a unas generaciones de venezolanos resilientes, creativos e innovadores, capaces de enfrentar la adversidad en todos los planos con ánimo voluntarioso renovado y ante cada adversidad, destacando como elemento compartido la excelencia, el bueno humor: ¡Como vaya viniendo, vamos viendo! Son una minoría o élite quienes forman el cosmos que ha normalizado al crimen trasformado en Estado y que desprecia a su propia nación.

Al detenernos ante el hecho político actual sobreviene, sin embargo, una regresión en todos, un sentimiento de frustración, el “yo no creo, vale”. Adviene la personalidad infantil del renegado. Pero es, volviendo a Jano, lo propio del momento liminar que nos toca y del símbolo de las puertas, de los cambios de ciclo. En estos nos encontramos.

Se ha cerrado el tiempo del «quiebre epocal» (1989-2019) y de sus efectos deconstructivos. Sobreviene el de la afirmación del orden global anunciado desde el derrumbe de la Cortina de Hierro. Donald Trump, presidente norteamericano, ha asumido el desafío, sin dejar atrás aquel otro que le planteara a USA Hugo Chávez Frías.

A fin de que despertemos, la periodista Rhona Rísquez, en corajuda investigación (El Tren de Aragua, La banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina), con limpieza de lenguaje y sin muletillas que diluyan su crudeza nos muestra la razón grave y de mayor peso que ahora compromete nuestras relaciones con la Casa Blanca. Así que, ¡calma y cordura!

Entender la final reacción norteamericana contra el régimen imperante en Venezuela – que no implica validar todos sus procederes – es, repito, un acto de madurez genuina. Al miedo, como lo supieron los habitantes de Medellín tras el largo dominio de El Patrón del Mal, Pablo Escobar, para superarlo cabe ponerle rostro. Lo explica la obra colectiva Rostros del Miedo, de la Corporación Región, publicada en 2003.

¿Cómo pudo formarse entre nosotros, venezolanos de bien, ese engendro o monstruo del Tren de Aragua, que ha salpicado nuestro gentilicio y para que Venezuela pueda enmendar en su camino hacia la reconstrucción de la nación, antes de que podamos rehacernos como república? ¿Jano, antes que mostrarnos el pasado y el porvenir desde sus puertas, nos descubre bicéfalos como nación?

Cualquiera podría argumentar que es propio de la condición humana es la permanente lucha entre el bien y el mal. Somos la especie caída a la vez llamada a su perfectibilidad.

Lo cierto es que en esa organización criminal trasnacional declarada terrorista y en su andamiaje expandido sobre y desde Venezuela, reside el mal absoluto o radical. No es humano. En ese Tren de Aragua y su república de Tocorón se conjugan comportamientos que, tal como lo refiero en reciente libro (El mal absoluto y su final en Venezuela, 2025), citando a Plotino, “descienden más abajo de la maldad humana”. O como lo entiende Hannah Arendt, es cuando “deja de ser tal hasta volverse enfermedad del alma.”

Conozcamos, pues, los hitos, desde su génesis, de ese engendro o desviación que se cocinó dentro nuestro hogar patrio, aplastando nuestras virtudes republicanas y de decencia, afirmadas a lo largo de nuestra modernidad civil, entre 1958 y 1998.

En 1999 se nos deshizo el sentido de la ley una vez como Chávez Frías llama moribunda a la Constitución y en el mismo día legitima el robo, en presencia del país y su Corte Suprema de Justicia, ante los militares. Se trataba del mismo año en el que este pacta con las FARC, en agosto, para asegurarse una participación en el negocio del narcoterrorismo. Su operador, un capitán de navío retirado. Nadie escucho la alerta que dio, al renunciar como jefe de la policía política, el comandante Jesús Urdaneta Hernández. Las élites, incluidas las empresariales y bancarias y de los medios, con sus excepciones, entonces disfrutaban las mieles de Palacio. Hasta celebró el parto revolucionario la Embajada americana.

Mientras todo se muestra auspicioso – entre 1998 y 2008, el precio del petróleo pasará de 9 a 130 dólares el barril y lejos quedará la Venezuela Saudita del primer Carlos Andrés Pérez – Chávez Frías asume el control total del Poder Judicial. Se lo facilita la Comisión Judicial de la Constituyente. Busca y logra, así, legalizar la ilegalidad en Venezuela estatuyendo, progresivamente, un «régimen de la mentira».

Ese mismo año inaugural se hace noticia, sin ruido que incomode, el extravío de unos 5.000 pasaportes – del lote adquirido por Venezuela a Alemania durante el gobierno anterior – y que, seguidos en su decurso por los servicios de inteligencia extranjeros, revelan que fueron entregados a ciudadanos árabes y cubanos por orden del presidente en estreno. La identidad venezolana quedaba en entredicho ante el mundo.

Llegado el 2001, como suerte de anticipo del Tren de Aragua nacen a pedido del mismo Chávez Frías los Círculos Bolivarianos, organizaciones de movilización popular para la defensa de la revolución, recibiendo su primer entrenamiento en la sede de la Embajada de Libia, en Caracas. Entretanto, en 2002 llega la primera brigada internacional de 7.000 cubanos para nuestra invasión territorial consensuada; a los que se le agregarán otros 30.000, miembros de los CDR’s que conduce Juan José Ravilero, en 2007.

En 2003 pergeñará, seguidamente, el modelo de persecución sistemática de los venezolanos por razones políticas. Emerge la Lista Tascón. Se le da forma inaugural al tipo de los crímenes de lesa humanidad, habituales hasta el presente e investigados aún por la Corte Penal Internacional. En 2004, la canciller de Colombia, Carolina Barco, denuncia públicamente que se expidieron 500.000 cédulas de identidad venezolana a colombianos vinculados con la narcoguerrilla de las FARC, en una operación controlada por Fidel Castro desde La Habana, a pedido de Chávez Frías.

En 2005, como premisa que adquiere “forma constitucional” en 2020 y para la deconstrucción cabal de la institucionalidad militar y su puesta al servicio del orden criminal emergente, Chávez Frías asume, mediante Decreto Ley la condición de Oficial en actividad y comandante de operaciones. Destruye el principio de sujeción de las armas al poder civil en la figura del presidente de la república como comandante en jefe, a la vez que fractura luego, en 2008, la disciplina piramidal, acabando con los componentes militares institucionales y homologando a los suboficiales con los rangos de los oficiales de academia.

Chávez Frías se sincera en su su asociación con las FARC, en 2009, dándoles público reconocimiento y convalidando así sus prácticas narcoterroristas. Mas llegada la hora de su muerte, a partir de 2012, asimismo quedarán al descubierto la entrega a Guyana del territorio esequibo en reclamación y una deuda de 28.000 millones de dólares contraída con China. La república bolivariana resta hipotecada y declinante, y le abre camino franco a la república de Tocorón. La nación inevitablemente se desparramará, bajo una crisis humanitaria sin precedentes, y todos sufrimos las consecuencias.

Los poderes de facto luego se reparten entre los causahabientes mejor posicionados con Cuba. Venezuela es un botín, no es más un Estado o una nación. El territorio que nos había acogió durante 520 años quedaba en manos de ocupas y lo expoliará el crimen transnacional organizado en comandita con una parcelada logia de generales y coroneles, desde sus inventadas Regiones Estratégicas de Defensa Integral.

¡De aquellos polvos vienen estos lodos!, en suma.

El Tren de Aragua tendrá su mina, administrada por la república de Tocorón, profetizada en 2004 por el propio Chávez Frías: “Qué bueno sería que un alcalde le diga: “Mire señor comandante de Guarnición, tengo aquí esta lista de 20 reservistas que viven aquí en este caserío y son patriotas, y además uno de ellos es tirador de fusil y este es francotirador y el otro es lanzador de granada, y el otro es explorador; aquí están organizados, yo, que soy alcalde, no tengo muchos recursos, pero conseguí unos zapatos, unas botas de esas, cazadoras, y no tengo fusiles, pero ahí están!”

Mientras perdíamos las certezas los venezolanos y al hacérsenos polvo nuestra identidad como nación, cuyo pasado modernizador nos encargábamos de renegar, mientras dilapidábamos el oro negro – la expectativa de vida del venezolano era de 57 años en 1958, al apenas inaugurarse la IV República – sobrevino un pacto fáustico entre los normalizadores del mal absoluto. A los «boliburgueses» y «bolichicos» se les unieron los alacranes de la política, apalancados por la Banda de Los Enanos y los gestores de bonistas.

Estados Unidos, tras años de estira y encoge, le ha cortado de ras el suministro de insumos de todo orden a esa economía criminal, forjada desde los inicios de la Revolución Bolivariana en Venezuela.

«La brisa bolivariana que recorre la región se convertirá en huracán», reza un titular del ABC de España del 20 de octubre de 2019. Trump ejercía por vez primera la presidencia de Estados Unidos. Diosdado Cabello a bocajarro precisaba su amenaza tras una cadena de disturbios direccionada en América Latina: «Lo que está pasando en Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Honduras es apenas la brisita, y viene un huracán bolivariano”. Hizo abierta la guerra que imaginaba y propuso en su delirio Chávez Frías, y es ese el huracán en el que hoy nos encontramos. No lo miremos desde las butacas de un cine.

La Casa Blanca ha sido acre, es verdad. Pero sabe y le consta que lo que está en juego es la vida o la muerte, como el asesinato por el Tren de Aragua del militar venezolano Ronald Ojeda. Tres de los implicados permanecían en USA y acaban de ser extraditados, a Santiago de Chile. Y media el ominoso antecedente electoral en USA, el de la universitaria Laken Riley, asesinada en Georgia por un ilegal transfronterizo.

La incubación en Venezuela del crimen organizado transnacional, a partir del arreglo entre Chávez Frías con el narcoterrorismo colombiano y el fundamentalismo islámico, ya frisa 27 años. El Tren de Aragua y el Cartel de los Soles son mascarones de proa. Exorcizarnos de esa maldad radical nos la merecemos los venezolanos de bien. Pero no será un don gratuito, como esos a los que se nos acostumbró durante dos siglos de trafico de ilusiones, de hombres a caballo, de padres buenos y fuertes, y de pulperos endomingados.

Enhorabuena Venezuela es otra. Nuestra razón había permanecido como en el onírico sueño de Goya. Hemos despertado, pero sólo al escuchar el toque de diana y ante el anuncio de la revocatoria de nuestras visas como emigrantes hacia el «sueño americano». Hemos madurado con Maduro a cuestas. De allí los hitos de las elecciones primarias vencidas por María Corina Machado y las presidenciales del 28 de julio, cuyo desconocimiento lo arguye Estados Unidos como motivo adicional para sus sanciones. Han reconocido al presidente electo, Edmundo González Urrutia.

USA ha decidido transarse en una guerra de cuarta y de quinta generación, ofrendando el costo de su propia inflación interna, una vez como ha forzado el cierre de los grifos de nuestro oro negro. Repite la experiencia de 1957, con Eisenhower.

“El gigante que es China ha venido creciendo de manera sorprendente para todo el mundo… China tiene mucho dinero y quiere invertir en estos países. Vamos a invitar a esos capitales chinos. Estamos en el nuevo momento, ellos fortalecidos, nosotros fortalecidos, es el momento de ensamblar”, ajustaba Chávez en La Nueva Etapa, incluso advirtiendo que no era llegada la hora de invadir a USA. No eran sus Cuentos del arañero, editado en su agonía.

En el prefacio del libro de obligada lectura de Rhona Rísquez, su prologuista, exfiscal ante la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, más que explicarnos las razones de esta guerra contra el crimen organizado transnacional de factura venezolana, alerta sobre su muy compleja peculiaridad: “Los sistemas de seguridad, basados en jerarquías nacionales que deben actuar con criterios formales, no están preparados para enfrentar redes criminales que cruzan las fronteras”.

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