miércoles 26  de  febrero 2025
CINE

Captain America: Brave New World, un thriller político de transición

Anthony Mackie y Danny Ramírez, protagonistas de la nueva entrega de Captain America, conversan sobre la película que marca un bisagra entre el viejo y el nuevo Universo Cinematográfico de Marvel

Diario las Américas | LUIS BOND
Por LUIS BOND
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Captain America: Brave New World, un thriller político de transición">Marvel. Conversamos con sus protagonistas Anthony Mackie y Danny Ramírez.

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MIAMI.- El Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) está atravesando una fase crítica. Después de haber alcanzado su pico más alto con Avengers: Endgame, las películas y series de Marvel Studios han tenido un recibimiento irregular por parte del público y la crítica (donde ambos coinciden en que son más los flops que los aciertos). La sobre-explotación de grandes nombres o cómics, la ausencia de los héroes fundadores que todos amamos, las decenas de auto referencias para poder crear conflictos “complejos” y el cansancio del público por las mismas historias, hace que el UCM pida a gritos una renovación de sus bases. A pesar de esto, el estudio parece seguir confundiendo calidad con cantidad y apuesta por caras frescas junto a actores de renombre, reboots de franquicias amadas y promesas del regreso de su era dorada. Sin embargo, no todo es borrón y cuenta nueva: todavía quedan personajes icónicos de las primeras fases del UCM con muchas posibilidades de explorar. Este es el caso de Sam Wilson en Captain America: Brave New World, la nueva película de Marvel Studios y su primera aventura heredando formalmente el legado de Steve Rogers.

Siguiendo algunos eventos del UCM relacionados con títulos como The Incredible Hulk, The Eternals y Falco and the Winter Soldier, la historia se centra en el ascenso a la presidencia de Thaddeus Ross (Harrison Ford), personaje que desde el 2008 ha aparecido en varios títulos de Marvel Studios y que era interpretado por el fallecido William Hurt. Con una actitud conciliatoria frente al poder y con una visión política diferente a la que desencadenó el conflicto de Captain América: Civil War, Ross encomienda a Sam Wilson (Anthony Mackie), en su rol de Captain America, la creación de un nuevo grupo de Avengers. Una tarea enorme que lo hace cuestionarse su posición frente al presidente y su función como símbolo andante de los valores que su traje representa. Un comienzo prometedor para ambos personajes, pero que se verá empañado cuando una serie de fuerzas externas como Sidewinder (Giancarlo Esposito), Ruth Bat-Seraph (Shira Hass) y Samuel Sterns (Tim Blake Nelson) pongan en movimiento un juego de intrigas donde el futuro del nuevo presidente de la nación y el nuevo Captain America se pondrá en tela de juicio.

Como lo anuncia su premisa, el guion de Captain America: Brave New World marca distancia con el tipo de conflictos que solemos encontrarnos en el UCM. El corazón de la historia se centra en evitar un conflicto bélico entre países lo que le permite desarrollar temas un poco más complejos que sus homólogas (como los juegos de poder en la geopolítica, los límites de la ética en pro de un “bien mayor”, la postura que asume una nación cuando debe reconocer sus errores y el rol de los héroes en el mundo moderno). Esto dota al largometraje de un ritmo que se cuece a fuego lento, lleno de conspiraciones al mejor estilo Mission: Impossible, Jack Reacher o Jason Bourne, dinamizando la trama con peleas cuerpo a cuerpo, tiroteos, secuestros, atentados, batallas navales y aéreas. Una decisión atípica dentro de un UCM que pareciera apostar más por conflictos interdimensionales y cósmicos entre super héroes y antagonistas casi inmortales que por dinámicas más “reales” y que pueden resolver personajes sin poderes especiales.

Gracias a esta sobriedad en la puesta en escena, Captain America: Brave New World puede tomarse el tiempo de profundizar en las vicisitudes a las que se enfrenta Sam Wilson luego de asumir el manto de Captain America siguiendo el arco de transformación que comenzó en Falco and the Winter Soldier (no en vano 2 de sus guionistas son autores de la serie). Más allá de tener que lidiar con la presión pública de vivir bajo la sombra de uno de los héroes más amados del UCM (dinámica que asume con humildad y lo confronta con sus inseguridades haciendo que empaticemos con él), el corazón de su viaje está en recordarnos que Captain America es un símbolo y lo importante no es la persona detrás de la máscara. No olvidemos que Sam es un héroe sin poderes especiales más allá de sus habilidades físicas (como Clint Barton o Natasha Romanoff) y el traje que utiliza (como Tony Stark o Scott Lang), lo que lo invita a entender que, así como él es muy diferente a Steve Rogers, su labor transcurre en un mundo nuevo con amenazas y complejidades que su predecesor nunca tuvo que vivir. Es por eso que las comparaciones entre Captain America: Brave New World y Captain America: Winter Soldier son tan fuera de lugar como lo sería poner Avengers al lado de Avengers: Endgame (el contexto y los riesgos de cada una son completamente disimiles).

La dirección de Julius Onah cumple con su cometido y se esmera en crear su propia impronta. Esto hace que Captain America: Brave New World brille cuando juega a construir tensión y a hacer que el público se sumerja en un complot donde todo personaje —en cualquier momento— puede transformarse en una potencial amenaza, pero pierde puntos cuando intenta escalar el conflicto a la escala habitual del UCM con escenas de destrucción masiva y sobredosis de efectos especiales. No obstante, las secuencias de acción como el atentado al presidente o la pelea entre Sidewinder y Sam son impecables, dejándonos con ganas de más coreografías de este estilo. Lo mismo sucede con los momentos más cercanos al drama como la conversación entre Sam e Isaiah en la cárcel o la dinámica del presidente Ross con su hija. Razones que nos hacen sentir que, de haberse decantado exclusivamente por el thriller político y la exploración de personajes, Captain America: Brave New World hubiese podido ser mucho más sólida.

Otro punto a favor que tiene la película son las actuaciones. Comenzando por Anthony Mackie que se pasea por múltiples roles sin problema (fungiendo como mentor y líder, sin perder su típico encanto y vulnerabilidad que nos hace amarlo) y se destaca tanto en el trabajo físico como en el emocional. A su lado, Danny Ramírez funciona como un sidekick versátil que va desde el pupilo inquieto, pasando por el hacker techie, hasta regalarnos un par de chistes en modo comic relief. Shira Haas cumple con su rol de mujer bad-ass —tanto en actitud como en las escenas de combate— y progresivamente se gana nuestro cariño, aunque pareciera más afín a la vibra de los Thunderbolts que a una posible aliada de Sam. Tim Blake Nelson, a pesar de aparecer casi a la mitad de la historia, funciona en su rol de villano “mente maestra”, aunque la película falla en no darle más tiempo para su desarrollo en pantalla. Algo parecido sucede con Giancarlo Esposito que se roba el show en cada segundo en cámara, pero su personaje casi se diluye al final siendo subutilizado por completo. En la misma tónica está Carl Lumbly que, en las pocas escenas donde aparece, nos cautiva y conmueve, regalándonos un performance profundamente humano y efectivo como un gancho al hígado. Contra todo pronóstico, la gran sorpresa de Captain America: Brave New World es Harrison Ford. Fácilmente uno pudiese pensar que con tantas figuras antagónicas y tratándose de un nombre tan grande su presencia en la cinta sería casi ornamental, pero no fue así. El presidente Ross no solo es el personaje —después de Sam—que tiene mayor tiempo en pantalla sino que también tiene un desarrollo bastante sólido. Ford lo da todo, regalándonos una gran interpretación donde se pasea entre la angustia, el cinismo, la ingenuidad y la cólera en un abrir y cerrar de ojos… solo por él ya la cinta se paga sola.

Captain America: Brave New World, es una película que se mueve entre el UCM que conocemos y la potencialidad de pasar a una nueva fase (que va desde la inclusión de los X-Men hasta la creación de los Avengers 2.0). Como Falco and the Winter Soldier, la historia está enfocada a un público más adulto, cambiando la comedia y las peleas épicas por el thriller político y el combate cuerpo a cuerpo. Con actuaciones sólidas, personajes nuevos, cameos dosificados y uno que otro easter egg, el largometraje posee cierta austeridad narrativa y visual que lo hace mucho más cercano al público que otros títulos más fastuosos. Una decisión que, a pesar de sus detractores, se agradece y evita la elefantiasis desmedida que ha ido sufriendo el UCM con el pasar de los años. Más allá de eso, Captain America: Brave New World cumple con su mayor cometido: presentarnos a Sam como el nuevo Captain America. Algo que, independientemente del saldo general de la historia, la película logra al recordarnos que para ser Captain America no hace falta un super suero o determinado color de piel, solo se necesita un super corazón y cierto grado de pureza que es algo que, desde el día 1, Sam tiene de sobra.

Lo mejor: las actuaciones de Anthony Mackie, Danny Ramirez, Harrison Ford, Carl Lumbly y Giancarlo Esposito. Las secuencias de pelea y de disparos. El cierre de “cabos sueltos” que llevaban años pendientes en el UCM.

Lo malo: el trailer revela demasiada información y nos arruina la gran vuelta de tuerca de la historia (la aparición de Red Hulk). Su escena post-créditos es casi ornamental. La decisión de prescindir del intro clásico de Marvel Studios.

Sobre el autor

Luis Bond es director, guionista, editor y profesor. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ). Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología. Es co-host del podcast Axis Mundi donde profundiza en el análisis fílmico, la literatura, la psicología y los lenguaje simbólicos.

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