La presencia árabe en Cuba data de los primeros años de la colonia y puede describirse como hispano-morisca y morisco-norafricana, compuesta por esclavos y personas libres convertidas al catolicismo. Esta presencia dejó su mayor huella en la arquitectura, pues durante el siglo XVII y principios del XVIII predominó en La Habana, Remedios, Santiago de Cuba y otras ciudades el estilo mudéjar, que combinaba elementos occidentales y árabes, herencia importante de la escuela de construcción morisca de Sevilla.
A pesar del recelo de los españoles por los árabes, y de la inestabilidad que sufrió Cuba a partir de 1868, a finales del siglo xix comenzó a llegar una discreta inmigración árabe al país, principalmente compuesta de libaneses, sirios y palestinos. Algunas fuentes consideran al libanés Antonio Farah, que arribó a la Isla en 1879, y logró ser concejal del ayuntamiento de Pinar del Río, el precursor de esta inmigración, mientras que otras se refieren al otomano José Yabor, ya instalado en la Calle Monte en La Habana en 1870.
En todo caso, los árabes asentados en Cuba sumaban unos 800 en los 1900. Cabe destacar que varios de ellos pelearon en el Ejército Libertador, entre los que se destacan los libaneses Benito Elías, Nasim Faray y Juan Manzur, los sirios Alejandro Haabad, Aurelio Elías y Esteban Hadad, y los palestinos Juan Abad y Agripín Abad, entre otros.
La República tuvo una política favorable a los inmigrantes. Era natural. El país se había quedado prácticamente despoblado debido la emigración, la baja tasa de natalidad y el número de muertos en la guerra, especialmente hombres, que formaban entonces la mayor parte de la fuerza laboral. En 1906 se promulgó la Ley de Inmigración y se creó un fondo para importar braceros y ayudar a familias europeas recién llegadas. Fueron los haitianos quienes fundamentalmente engrosaron la fila de los trabajadores destinados al sector agrícola, y se produjo asimismo una inmigración de franceses, italianos, rusos, sirios, libaneses y palestinos.
Los “turcos”, como se les denominaba, pues procedían principalmente de países que formaban parte del antiguo imperio Otomano, llegaron en varias oleadas. La primera, del 1902 al 1919, se estima que fue de 6, 536 aunque La Primera Guerra Mundial interrumpió el flujo y no llegan muchos entre 1913 y 1920. En la próxima década se duplica la cifra anterior, pues arribaron a Cuba más de 13,000 árabes. Sólo en 1924 se establecen en la
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