“Estimado José Ignacio:
“He terminado de leer su reciente libro ‘Biografía de un Crimen’. Estupendo. En él nos refresca la memoria de aquellos días aciagos que nos toco vivir a todos. Nuestro común amigo el Dr. Alberto Alejo Munguia (q.e.p.d) era del grupo que jamás claudicó ni tampoco fue de los engañados, desde el principio cuando el cobarde ataque al Moncada ya él calificaba al movimiento 26 de Julio de comunista. Muchos de sus allegados y amigos cercanos le decían que estaba equivocado totalmente pero nunca se confió de ellos y jamás les dio el más mínimo apoyo ni antes ni después. Fue un visionario como lo fue usted en su tiempo. Alberto ayudó a mucha gente, ya la Revolución estaba en plena efervescencia y él previsoramente había construido un pasadizo entre su casa y la de Chicho Sierra su suegro, propietario de la cervecería ‘Polar’, alegando que de esa manera ambas casas estaban comunicadas entre si en caso de lluvia, ciclones o huracanes como el que se avecinaba. …
Muy pocas personas conocían de ese pasadizo entre ambas casas pero resultó de gran utilidad y le salvó la vida a mucha gente (Me imagino que a usted entre ellos). Alberto nunca me lo dijo era extremendamente hermético. Alberto siempre me decía que los cubanos todo lo cuentan, por eso siempre tuvo una actitud reservada durante toda su vida. Recuerdo perfectamente cuando Chicho Sierra y su familia vinieron para Miami, Alberto le alquiló la casa a la Embajada del Perú por una cifra simbólica pues lo que buscaba era protegerla y tratar de conservar en lo posible sus pertenencias.
“Estando la Embajada del Perú en la casa que era de Chicho, ya Alberto estaba poniéndose en contacto con los mexicanos pues también me vaticinó que probablemente todos los países de América iban a romper relaciones con Cuba pero que México jamás.
Nuevamente tenía razón. ¡Cuanta gente pudo sacar así de Cuba!... El que le había hecho la exigencia de $10,000 para la Revolución --que Alberto se negó de plano-- resentido como estaba, fue uno de los que pedían la intervención de la Empresa por todos los medios casi desde el principio en que llegaron los “peludos”.
“Yo era contador auxiliar, pero ya estaba designado para Superintendente General de la Fábrica tan pronto se calmaran las cosas … Alberto me regaló los pasajes para mí y para mi familia
...