Vista parcial de Curazao. Foto Jesús Hdez
Publicado el 08-04-2012
Caribe con esencia
Por Jesús Hernández JHernandez@DiarioLasAmericas.com
Aún estás a tiempo para disfrutar el Caribe durante el verano. Sea en uno de esos barcos cruceros o un avión que te lleva al destino mucho más rápido, la oferta es prácticamente interminable.
La manera más económica suele ser el crucero. Uno de esos gigantes con todo a bordo que van de puerto en puerto en busca de la variedad. No obstante, hay quienes prefieren volar para ahorrar tiempo y llegar rápido a tierra. Dos maneras de viajar que cuentan con destinos muy específicos donde además del esperado paraíso tropical encuentras esencia cultural propia.
Por ejemplo, Curazao con sus costas rocosas y playas de ensueño. Una pequeña isla situada a 40 millas de Venezuela que cuenta con escondites tropicales rodeados de planicies áridas. La antigua colonia de la corona holandesa que ostenta la playa Knip, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Un enclave que parece esconderse entre pequeñas colinas y se abre en forma de ensenada al color turquesa del mar.
De hecho, la imagen más conocida de Curazao es el centro histórico llamado Punda. Colorida estampa que señala la existencia de edificios construidos durante la época colonial holandesa. Incluso el antiguo puente flotante, edificado en 1888, aún funciona. Plataforma que conecta ambas orillas del puerto y hacen girar en 90 grados para abrirle el paso a las embarcaciones mayores.
En Punda está la mayor parte de la vida urbana. Un lugar que tiene al holandés, el inglés y el español por lenguas populares. Centro neurálgico del comercio y el mercado internacional que cuenta con un extenso mercadillo de frutas, legumbres, granos y quesos. Todo esto matizado por una atractiva oferta de restaurantes y cafeterías donde el buen comer abunda. Una inesperada propuesta que incluye mariscos, carnes y una suculenta cocina internacional confeccionada por italianos, holandeses, chinos y venezolanos.
San Martí es también una isla muy peculiar. Igualmente pequeña pero grande en cultura popular dada por la mezcla heredada entre franceses y holandeses. Singular ingrediente que, unido al arraigo afro caribeño, hace al enclave caribeño precisamente diferente.
La isla fue descubierta por España, pero repartida caprichosamente entre Francia y Holanda más tarde. División imaginaria que aún persiste hoy, pero sin la discordia de antaño ni el paso de fronteras. De hecho, la zona administrada por París apuesta por la moneda euro, mientras el lado regido desde Ámsterdam utiliza el guilder o el dólar estadounidense. Separación que incide en el modo de vivir y la manera de divertirse.
Además de la abundante oferta de deportes acuáticos y las zonas protegidas que puedes disfrutar, está la buena cocina que proviene precisamente de la mezcla franco holandesa africano caribeña, si no resulta muy largo decir.
Del lado holandés de la isla, donde está Philipsburg con algunos precios atractivos en joyerías, está la zona de Maho Bay muy cerca del aeropuerto. Refugio de los jóvenes y todo aquel que se sienta igual. Lugar donde los restaurantes pululan junto a las discotecas y casinos de moda.
En la zona de Marigot, la villa capital del lado francés, las opciones para comer abundan. Además de los típicos comedores populares que encuentras en algunos caminos, donde usan los productos más frescos y el sabor es genuinamente casero; están los restaurantes de la buena cocina francesa y la típica de la isla que tiene al mar por ingrediente principal.
También sobre el lado norte del arco de las Antillas Menores, está Saint Kitts libre aún de la invasión de turistas y la omnipresencia de las grandes construcciones. La pequeña isla de 25 millas de largo y 5 de ancho fue descubierta por el mismísimo Cristóbal Colón.
Maltratada por el correr de la historia, Saint Kitts luce su modesta capital nombrada Basseterre. Nombre francés que significa bajío, terreno bajo. Tan modesta y sosegada que ni semáforos tiene. Un pequeño enclave urbano situado entre el mar y las montañas que no supera los 19,000 habitantes y cuya efervescencia comercial gira en torno a una plaza acentuada por una fuente de agua . Lugar a donde llegan los turistas procedentes de los cruceros que atracan en el puerto marítimo.
No obstante, la mayor atracción de Saint Kitts radica en su exuberante geografía. Una muy irregular topografía coronada por un gran monte, que guarda un volcán dormido, en medio de un espeso bosque. Punto de atracción que cuenta con excursiones dirigidas para los seguidores del turismo ecológico y aventurero.
Al caer la tarde, cuando una tenue brisa refresca el ambiente, la gente acude a los bares y restaurantes que abundan en las playas de Saint Kitts. Está la zona The Strip en Frigate Bay, muy cerca del Marriott Hotel; con variada música y un menú que incluye mariscos, carnes y una suculenta cocina autóctona que tiene a la fritura de caracola (conch fritter) por plato principal.
¿Cómo llegar allí?
Las islas mencionadas cuentan con servicio de cruceros y vuelo directo desde Miami y otros puntos del país con paquetes que incluyen hospedaje y otras amenidades. Consulta a tu agente de viajes o cada una de las empresas de transporte con servicio en el mar Caribe.
Recuerda, no cambies dinero. Tampoco compres cheques de viajero. Los bancos y casas de cambio cobran una comisión que muchas veces es excesiva e incluso te ofrecen una tarifa de cambio muy inferior a la media internacional. Mejor deposita el dinero en tu cuenta bancaria aquí en casa y cuando llegues al destino acude al cajero ATM en el aeropuerto. Operación que puedes repetir cuantas veces quieras en los cajeros automáticos de la isla o ciudad.
Si viajas con pasaporte estadounidense no necesitas visa. En caso diferente, debes consultar el consulado del país a visitar.
|