MODESTO AROCHA
Publicado el 10-29-2011
5 preguntas a Modesto Arocha
Por Luis de la Paz Diario Las Américas
Es grato sentarse a conversar con Modesto Arocha (que se siente relajado cuando se le llama por su apodo Kiko). Con sentido práctico y crítico, se refiere a su vida, a su condición de testigo y protagonista de momentos de euforia y también de frustración en Cuba, primero apoyando al castrismo, luego repudiándolo; más tarde dejando atrás su carrera de ingeniero eléctrico, para convertirse, ya en el exilio, en editor de libros, especialista en computadoras y páginas en la internet.
Poseedor de un agudo y sutil sentido del humor (tan es así que es autor de un libro de chistes), la conversación nos lleva a puntos claves en su vida.
1–Usted luchó contra Batista, colaboró con la revolución castrista, en 1968 se opone al régimen, intenta irse clandestinamente en dos ocasiones y fracasa. En 1995 finalmente sale al destierro. ¿Qué huellas personales han dejado esas etapas?
—Comencé a combatir a Batista en la universidad, donde jóvenes amistosos y cultos me introdujeron por los oídos, solapadamente, el marxismo, que se alojó en el espacio de compasión que la pobreza y el humanismo cristiano de mi familia había desarrollado en mí. Milité en el 26 de Julio, y en 1959 ingresé en la Juventud Socialista. Mi formación fue martiana y seudomarxista. No simpaticé con Castro, aunque lo apoyé por considerarlo provechoso para las reformas sociales que respaldaba. Seis dolorosos años costó el desencanto. En 1968 fracasé en una salida ilegal. Ese mismo año caí preso por divulgar el primer documento disidente de la revolución. Dos meses en Villa Marista y un año de trabajo esclavo en Isla de Pinos fue la gran patada pedagógica por el culo que me convirtió de desafecto en enemigo. Después de otro intento frustrado de salida clandestina en 1970, en el que casi pierdo la vida, comprendí que mi intención de fugarme para regresar a buscar a mi familia era fantasiosa. Me quedé a criar a mis hijos. Durante los próximos 25 años fui un enhiesto ciudadano de tercera categoría. Pudimos emigrar entre 1994 y 1996. ¿Huellas? Las feas cicatrices y el recuerdo del tiempo de vida útil perdido en aquel humilladero.
2.–Su libro Chistes de Cuba sobre la revolución ha tenido ya varias ediciones (siempre ampliadas). ¿Qué papel juega el humor político bajo un régimen dictatorial y carente de sentido del humor como el cubano?
—En 1959, antes de cerrar Diario de la Marina, decano del anticomunismo cubano, Castro cerró Zig-Zag, la revista humorística más popular de Cuba. Y suspendió a “Trespatines”, el personaje cómico más popular de la Isla porque en escena señaló a un retrato del máximo y dijo: “a este tenemos que colgarlo bien alto”. El humor político se dirige a la inteligencia para ridiculizar la rigidez, insensibilidad e inconsistencia del dictador y sus compinches. Castro sabía lo que hacía al prohibir el humor. Los chistes del libro que usted menciona fueron recopilados clandestinamente en Cuba, con ayuda de mi familia, y enviados a Juan Manuel Salvat en Miami, que los publicó bajo un seudónimo en 1994. Hay una versión en inglés: Laughing Under Castro. Próximamente aparecerá la cuarta edición en español, con 1000 chistes: “¿Por qué Cuba se ha llenado de marabú?”. “Porque el comandante no ha hecho un Plan Marabú”.
3.–Durante más de 15 años la editorial Alexandria Library ha publicado un número considerable de títulos. ¿De qué manera su editorial ha contribuido al desarrollo cultural del exilio cubano?
—Hemos publicado aproximadamente 250 títulos, de ellos 200 en los últimos 4 años. Las pequeñas y económicas ediciones salvan obras importantes que no estimulan el apetito comercial de editoriales tradicionales. El libro Fenomenología, de Hegel, 22 años después de publicado no había vendido los 750 ejemplares impresos, lo que no impidió su notable influencia en el desarrollo del pensamiento filosófico. Alexandria Library ha publicado obras de autores como Carlos Ripoll, Carlos Alberto Montaner, Luis Aguilar León, el padre José Conrado, Armando Añel, Raúl de Cárdenas, Reinaldo Bragado, Leonel de la Cuesta, Emilio Herrero, César Reynel Aguilera, Frank de Varona, Eduardo Lolo, Emilio de Armas, Pablo Pérez Cisneros, Josefina Leyva, Manuel Gayol y muchos otros.
4.–Su editorial se ha dedicado en los últimos años a los libros por demanda, donde prácticamente el requisito es disponer de fondos económicos. ¿No cree que eso incida en la proliferación de cierta literatura chatarra?
—No nos hemos dedicado a ello, pero ciertamente no rechazamos lo que usted califica como “literatura chatarra”. Si un poeta aficionado quiere ver publicado el cuaderno que ha alimentado y acariciado durante cuarenta años, si un abuelo cualquiera quiere dejar su impronta en blanco y negro, si una persona inculta quiere explicar en un libro qué significa haber estado preso 25 años; y ninguno de ellos puede pagar a un escritor para que pula su texto, Alexandria Library les da la bienvenida contando con la indulgencia de los lectores cercanos al autor y con aquellos que pueden leer más allá de la prosa. La tecnología moderna, que posibilita ediciones cortas, rápidas, económicas y decentes, ofrece a muchas personas la oportunidad de ampliar su derecho a la libre expresión. Además, nadie está obligado a leer libros que considere “chatarra” y todos sabemos que grandes editoriales publican y venden “chatarra” bien escrita.
5.–¿Qué papel cree que juega la tecnología de punta, para el futuro de los medios impresos (libro, periódicos, revistas)?
—La industria editorial atraviesa por cambios tecnológicos acelerados debidos a la Internet; a la “tinta electrónica” (eInk), que ha hecho posible lectores (eReaders) como Kindle y Nook; y a las comunicaciones digitales, que permiten descargar y leer textos hasta en los teléfonos inteligentes (smart phones). En Estados Unidos la mitad de los títulos ya se leen en aparatos electrónicos. El libro en papel no desaparecerá, pero la balanza seguirá inclinándose a favor del libro electrónico (eBook), que por práctico y económico estimulará la lectura. Lo mismo puede decirse de revistas y periódicos. Aunque las editoriales hispanas están a la zaga (si no a espaldas) del progreso, ya Alexandria Library se montó en el carro del eBook, si me permite el comercial.
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